La Parroquia Matriz de San Agustín y Santuario de Santa Rita,

Vegueta, Las Palmas de Gran Canaria, Diócesis de Canarias, España,
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Galería de fotos de la Fiesta del Carmen 2019 


Exhortación Apostólica post-sinodal “Christus vivit” 

El papa Francisco hizo pública, el 2 de abril de 2019, la Exhortación Apostólica post-sinodal Christus vivit dirigida a los jóvenes y a todo el pueblo de Dios. El Santo Padre firmó el documento el lunes 25 de marzo en Loreto. Está compuesto por nueve capítulos divididos en 299 párrafos.

El Papa explica que se dejó inspirar por la riqueza de las reflexiones y diálogos del Sínodo de los jóvenes, que se celebró en el Vaticano del 3 al 28 de octubre de 2018.


1. Vive Cristo, esperanza nuestra, y Él es la más hermosa juventud de este mundo. Todo lo que Él toca se vuelve joven, se hace nuevo, se llena de vida. Entonces, las primeras palabras que quiero dirigir a cada uno de los jóvenes cristianos son: ¡Él vive y te quiere vivo!

2. Él está en ti, Él está contigo y nunca se va. Por más que te alejes, allí está el Resucitado, llamándote y esperándote para volver a empezar. Cuando te sientas avejentado por la tristeza, los rencores, los miedos, las dudas o los fracasos, Él estará allí para devolverte la fuerza y la esperanza.

3. A todos los jóvenes cristianos les escribo con cariño esta Exhortación apostólica, es decir, una carta que recuerda algunas convicciones de nuestra fe y que al mismo tiempo alienta a crecer en la santidad y en el compromiso con la propia vocación. Pero puesto que es un hito dentro de un camino sinodal, me dirijo al mismo tiempo a todo el Pueblo de Dios, a sus pastores y a sus fieles, porque la reflexión sobre los jóvenes y para los jóvenes nos convoca y nos estimula a todos. Por consiguiente, en algunos párrafos hablaré directamente a los jóvenes y en otros ofreceré planteamientos más generales para el discernimiento eclesial.

4. Me he dejado inspirar por la riqueza de las reflexiones y diálogos del Sínodo del año pasado. No podré recoger aquí todos los aportes que ustedes podrán leer en el Documento final, pero he tratado de asumir en la redacción de esta carta las propuestas que me parecieron más significativas. De ese modo, mi palabra estará cargada de miles de voces de creyentes de todo el mundo que hicieron llegar sus opiniones al Sínodo. Aun los jóvenes no creyentes, que quisieron participar con sus reflexiones, han propuesto cuestiones que me plantearon nuevas preguntas.


Plan Diocesano de Pastoral 2018-2019

«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre… Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos» (Mc 16, 15-18).

Hoy, en este “id” de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva “salida” misionera.

Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar esta llamada: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (EG, 20).

El Plan Diocesano de Pastoral va dando pasos en la Diócesis. Va marcando una dirección común para todos y en muchos lugares está siendo el referente de toda la actividad. La tarea pastoral es apasionante y es una expresión de amor porque con ella ofrecemos a la gente la Alegría del Evangelio para que vivan en plenitud. Pero tenemos un gran peligro: la rutina.

Muchas veces hacemos las cosas porque siempre se han hecho y como siempre se han hecho. Por ello cada día necesitamos renovar el entusiasmo vocacional y la conversión pastoral. Esto es lo que pretende nuestro Plan Diocesano de Pastoral.

Más información en la web de la Diócesis de Canarias

Carta Pastoral de nuestro Obispo para el curso 2018-19

“TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO…”

Laicos para la Misión

Los planteamientos del Plan Diocesano de Pastoral y la experiencia concreta de su vivencia en las distintas comunidades nos han mostrado que merece la pena trabajar para hacer realidad la conversión pastoral que nos propuso el Papa Francisco. Concretamos esta conversión en tres denominaciones: discípulos, hermanos y misioneros. Hemos hecho lo posible por ir creciendo en cada una de estas dimensiones, y nos 

encontramos con que la última: misioneros, es la que nos ofrece mayores dificultades, y la que no terminamos de concretar en iniciativas y actividades que se consoliden. Y sin embargo, la insistencia de Francisco y concretamente su insistencia en la conversión pastoral, lo que está pidiendo con toda claridad es la salida misionera.

Ya en la última parte de la carta pastoral de apertura del curso pasado 17-18 ponía el acento en la dificultad especial que entrañaba esta salida misionera. Les invito a repasar aquellas últimas cuatro páginas, que retomaban el tema desde el impulso del Concilio Vaticano II. Si el Santo Padre Francisco -les decía hace ahora un año- nos apremia de modo tan vigoroso con las famosas palabras: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo”, es porque siente que esta dimensión de Iglesia en salida no es precisamente la dominante en las comunidades cristianas.

Descargue la carta pastoral de inicio de curso:

Carta pastoral del inicio del curso 2018 – 2019: Tanto amó Dios al mundo… Laicos para la misión.


El vídeo del Papa 

Intenciones mensuales de oración del Papa Francisco sobre los desafíos de la humanidad. El mismo Papa Francisco explica en video cada mes las intenciones de oración universal y para la evangelización propuestas por el apostolado de la oración:

Puede ver el resto de videos en youtube haciendo click aquí: El Vídeo del Papa

Lo dice el Papa:

Angelus del 14 de julio: 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

 

Hoy el Evangelio presenta la famosa parábola del “buen samaritano” (cf. Lc 10,25-37).

Interrogado por un doctor de la ley sobre lo que es necesario para heredar la vida eterna, Jesús le invita a encontrar la respuesta en las Escrituras: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo”  (v. 27). Había sin embargo, diferentes interpretaciones de quién debía ser entenddido como “prójimo”. De hecho ese hombre sigue preguntando, “¿Quién es mi prójimo?” (v. 29). En este punto Jesús responde con la parábola, esta hermosa parábola: Os invito a todos a tomar el Evangelio hoy, el Evangelio de Lucas, capítulo diez, versículo 25. Es una de las parábolas más bellas del Evangelio. Y esta parábola se ha convertido en paradigmática de la vida cristiana. Se ha convertido en el modelo de cómo debe actuar un cristiano. Gracias al evangelista Lucas, tenemos este tesoro.

 

El protagonista de la breve narración es un samaritano que a lo largo del camino encuentra a un hombre robado y golpeado por ladrones y cuida de él. Sabemos que los judíos trataban a los samaritanos con desprecio, considerándolos extraños al pueblo elegido. No es, pues, una coincidencia que Jesús escogiera precisamente a un samaritano como personaje positivo de la parábola. De esta manera quiere superar el prejuicio, demostrando que incluso un extraño, incluso uno que no conoce al verdadero Dios y no frecuenta su templo, es capaz de comportarse según su voluntad, sintiendo compasión por el hermano necesitado y socorriéndolo con todos los medios a su alcance.

 

Por aquel camino, antes que el samaritano, ya habían pasado un sacerdote y un levita, es decir, personas dedicadas a la adoración de Dios. Sin embargo, al ver al pobre hombre en el suelo, habían pasado de largo sin detenerse, probablemente para no contaminarse con su sangre. Habían antepuesto  una regla humana ligada al culto para no contaminarse con la sangre, una regla humana ligada al culto, ligada al gran mandamiento de Dios, que quiere sobre todo la misericordia.

 

Jesús, pues, propone como modelo al samaritano, precisamente uno que no tenía fe. También nosotros pensamos en tanta gente que conocemos, quizás agnóstica, que hace el bien. Jesús escoge como modelo uno que no era un hombre de fe. Y este hombre, que ama a su hermano como a sí mismo, muestra que ama a Dios con todo su corazón y con todas sus fuerzas – ¡el Dios que no conocía! – y al mismo tiempo expresa la verdadera religiosidad y la plena humanidad.

 

Después de contar esta bella parábola, Jesús se volvió una vez más hacia el doctor que le había preguntado: “¿Quién es mi prójimo?. Y le dice: “¿Cuál de estos tres te parece que ha sido un prójimo del que cayó en manos de ladrones?” (v. 36). De este modo, invierte la pregunta de su interlocutor, y también la lógica de todos nosotros. Nos hace entender que no somos nosotros los que, sobre la base de nuestros criterios, definimos quién es el prójimo y quién no, sino es la persona necesitada que debe ser capaz de reconocer quién es su prójimo, es decir, “quién tuvo compasión de él.” (v. 37). Ser capaces de tener compasión: esa es la clave. Esta es nuestra clave. Si no sientes compasión frente a una persona necesitada, si tu corazón no se conmueve, significa que algo anda mal. ¡Está atento, estemos atentos! No nos dejemos llevar por la insensibilidad egoísta. La capacidad de compasión se ha convertido en la piedra de comparación del cristiano, ante la enseñanza de Jesús. Jesús mismo es la compasión del Padre por nosotros. Si vas por la calle y ves a un sin techo tirado allí, y pasas sin siquiera mirarlo tal vez, o si piensas: «Bueno, es el efecto del vino, es un borracho», pregúntate a ti mismo no si ese hombre está borracho, pregúntate si tu corazón no se ha endurecido, si tu corazón no se ha convertido en hielo. Esta conclusión indica que la misericordia hacia una vida humana en estado de necesidad es el verdadero rostro del amor. Así se llega a ser verdadero discípulo de Jesús y se manifiesta el rostro del Padre: “Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36). Y Dios, nuestro Padre, es misericordioso, porque tiene compasión; es capaz de tener esta compasión, de acercarse a nuestro dolor, a nuestro pecado, a nuestros vicios, a nuestras miserias.

 

Que la Virgen María nos ayude a comprender y sobre todo a vivir cada vez más el vínculo inseparable que hay entre el amor a Dios nuestro Padre y el amor concreto y generoso por nuestro hermanos, y que nos de la gracia de tener y de crecer en la compasión.

 

 

 

Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Una vez más, quisiera expresar mi cercanía al amado pueblo venezolano, particularmente extenuado por la prolongada crisis. Pidamos al Señor que inspire e ilumine a las partes en causa, para que puedan llegar lo antes posible a un acuerdo que ponga fin al sufrimiento de la gente por el bien del país y de toda la región.

 

Os saludo cordialmente a todos, romanos y peregrinos de Italia y de varias partes del mundo: familias, grupos parroquiales, asociaciones.

 

En particular, saludo a los jóvenes de la diócesis de Pamplona y Tudela, a los del curso para formadores promovidos por «Regnum Christi», a las Hermanas de la Sagrada Familia de Nazaret que celebran el Capítulo General y a los niños de la Confirmación de Bolgare (Bérgamo).

 

Envío un cordial saludo a los fieles polacos, [indica los fieles en la plaza] y a los que participan en la Peregrinación anual de Radio María al Santuario de Czestochowa. Saludo a todos los polacos peregrinos.

 

Os deseo a todos un buen domingo. Por favor, no os olvidéis orar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto! 

Audiencia General del 26 de junio:   

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!


El fruto de Pentecostés, la poderosa efusión del Espíritu de Dios sobre la primera comunidad cristiana, fue que muchas personas sintieron sus corazones traspasados por el feliz anuncio – el kerigma- de la salvación en Cristo y se adhirieron a Él libremente, convirtiéndose, recibiendo el bautismo en su nombre y recibiendo a su vez el don del Espíritu Santo. Cerca de tres mil personas entran a formar parte de esa fraternidad que es el hábitat de los creyentes y el fermento eclesial de la obra de evangelización. El calor de la fe de estos hermanos y hermanas en Cristo hace de sus vidas el escenario de la obra de Dios que se manifiesta con prodigios y  señales por medio de los apóstoles. Lo extraordinario se vuelve ordinario y la vida cotidiana se convierte en el espacio de la manifestación del Cristo viviente.


El evangelista Lucas nos lo cuenta mostrándonos a la iglesia de Jerusalén como el paradigma de cada comunidad cristiana, como el ícono de una fraternidad que fascina y que no debe  convertirse en mito pero tampoco hay que  minimizar. El relato de los Hechos deja que miremos entre las paredes de la domus donde los primeros cristianos se reúnen como familia de Dios, espacio de koinonia, es decir, de la comunión de amor entre hermanos y hermanas en Cristo.  Vemos que viven de una manera precisa: “acudiendo a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión, a la fracción del pan y al as oraciones» (Hechos 2:42). Los cristianos escuchan asiduamente el didaché o la enseñanza apostólica; practican unas relaciones interpersonales de gran calidad  también a través de la comunión de bienes espirituales y materiales; recuerdan al Señor a través de la “fracción del pan«, es decir, de la Eucaristía, y dialogan con Dios en la oración. Estas son las actitudes del cristiano, las cuatro huellas de un buen cristiano.


A diferencia de la sociedad humana, donde se tiende a hacer los propios intereses,  independientemente o incluso a expensas de los otros, la comunidad de creyentes ahuyenta el individualismo para fomentar el compartir y la solidaridad.  No hay lugar para el egoísmo en el alma de un cristiano: si tu corazón es egoísta, no eres cristiano, eres mundano, que busca solo tu favor, tu beneficio. Y Lucas nos dice que los creyentes están juntos (ver Hechos 2:44), La cercanía y la unidad son el estilo de los creyentes: cercanos, preocupados unos de otros, no para chismorrear del otro, no, para ayudar, para acercarse.


La gracia del bautismo revela,  por lo tanto, el vínculo íntimo entre los hermanos en Cristo que están llamados a compartir, a identificarse con los demás y a dar «según la necesidad de cada uno» (Hechos 2:45), es decir, la generosidad, la limosna, el preocuparse por el otro, visitar a los enfermos, ir a ver a quienes pasan necesidades, a los que necesitan consuelo.


Y precisamente esta fraternidad porque elige el camino de la comunión y  de la atención a los necesitados, esta fraternidad que es la Iglesia puede vivir una vida litúrgica verdadera y auténtica: «Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.  Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo”. Hechos 2,46-47).


Por último, el relato de los Hechos nos recuerda que el Señor garantiza el crecimiento de la comunidad (vea 2:47): la perseverancia de los creyentes en la alianza genuina con Dios y con los hermanos se convierte en una fuerza atractiva que fascina y conquista a muchos (ver Evangelii gaudium, 14), un principio gracias al cual vive la comunidad creyente de cada época.


Pidamos al Espíritu Santo que haga de nuestras comunidades lugares donde recibir  y practicar la nueva vida, las obras de solidaridad y de comunión, lugares donde las liturgias sean un encuentro con Dios, que se convierte en comunión con los hermanos y las hermanas, lugares que sean puertas abiertas a la Jerusalén celestial.



Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:


Queridos hermanos y hermanas:


En los Hechos de los Apóstoles, san Lucas nos muestra a la Iglesia de Jerusalén como el paradigma de toda comunidad cristiana. Los cristianos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, hacían memoria del Señor a través de la fracción del pan, es decir, de la Eucaristía, y dialogaban con Dios en la oración. Los creyentes vivían todos unidos, conscientes del vínculo que los une entre sí como hermanos en Cristo, sintiéndose especialmente llamados a compartir con todos los bienes espirituales y materiales, según la necesidad de cada uno. Así, compartiendo la Palabra de Dios y también el pan, la Iglesia se convierte en fermento de un mundo nuevo, en el que florece la justicia, la solidaridad y la compasión.


El libro de los Hechos añade que los discípulos acudían a diario al templo, partían el pan en las casas y alababan a Dios. En efecto, la liturgia no es un aspecto más de la Iglesia, sino la expresión de su esencia, el lugar donde nos encontramos con el Resucitado y experimentamos su amor.


Por último, san Lucas nos señala que día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando: la perseverancia de los creyentes en la alianza con Dios y con los hermanos se convierte en una fuente de atracción que fascina y conquista a los demás.


Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española  provenientes de España y América Latina. En particular saludo a la Asociación Española de canonistas, en su 50 aniversario, y al grupo de peregrinos de Tlalnepantla, acompañados de su arzobispo Mons. José Antonio Fernández Hurtado. Pidamos al Espíritu Santo para que nuestras comunidades sean acogedoras, sean solidarias, viviendo la liturgia como encuentro de Dios y con los hermanos. Y yo quiero felicitar a los mexicanos porque son tan acogedores, tan acogedores con los migrantes. Que Dios se lo pague. Gracias.



El Papa ha dicho al saludar a los peregrinos italianos:


El próximo viernes celebraremos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Invito a todos a mirar ese Corazón e imitar sus sentimientos más verdaderos. Rezad por todos los sacerdotes y por mi ministerio petrino, para que cada acción pastoral se base en el amor que Cristo tiene por cada hombre.

Web de la Santa Sede

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