La Parroquia Matriz de San Agustín y Santuario de Santa Rita,

Vegueta, Las Palmas de Gran Canaria, Diócesis de Canarias, España,
te da la bienvenida y agradece tu visita a esta Web parroquial
y espera que encuentres toda la información que necesitas,
sobre la parroquia y otros recursos de interés.
 




¡ Gracias Jose Antonio Morillas ! 

   

José Antonio Morillas Brandy, jesuita, nacido en Jaén el 17 de mayo de 1947, fue ordenado sacerdote en Málaga el 10 de octubre de 1981.

Compaginó su labor sacerdotal e incansable labor apostólica, con su gran labor educativa como profesor del Colegio de San Ignacio de Loyola.

Ha estado vinculado a esta Parroquia Matriz de San Agustín desde hace más de 25 años colaborando incansablemente en las necesidades de ésta.  Celebraba semanalmente la última misa de los domingos, de los lunes y de los miércoles.

Al conocerse la noticia de que iba destinado a la Parroquia de Nuestra Señora de Aracoeli de Almería, la comunidad parroquial le hizo una sencilla despedida el 4 de septiembre de 2012. Se le obsequió una estola con la siguiente dedicatoria:

“P. Morillas: Llegaste como savia nueva contagiándonos con tu sencillez y cercanía. Que la estola bordada con la fachada de la iglesia dentro de la silueta de la isla de Gran Canaria te recuerde siempre tu feliz estancia entre nosotros. Que el Señor y la Virgen del Carmen te acompañe siempre para que sigas recorriendo con tu bicicleta caminos y senderos sembrando paz y fraternidad. Gracias por el imborrable recuerdo de tu amistad”.

En 2014 fue nuevamente destinado a Las Palmas de Gran Canaria por lo que continuó colaborando con esta parroquia hasta el lunes 8 de agosto de 2016, día en que celebró su última misa.

Falleció el 24 de agosto de 2016 y el 26 de agosto se celebró la Misa Exequial en esta Parroquia Matriz de San Agustín. 

¡Gracias P. Morillas. Confiados en el Padre TODOMISERICORDIOSO (como solías decir tu) nos veremos en el Banquete del Reino de los Cielos!

Fotos de la celebración de despedida y de la misa exequial.

Plan Diocesano de Pastoral 2015-2020

El tema general del Plan Diocesano de Pastoral, para los próximos cinco años, quiere centrar la mirada y los esfuerzos, en el juego existente entre conversión Pastoral y salida Misionera, donde Jesús y su evangelio nos cambian, nos reúnen y nos envían. 

“La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que “el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial” (NMI 12) con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifi este como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera” (Documento Aparecida 370).

Más información en la web de la Diócesis de Canarias

Carta Pastoral de nuestro Obispo para el curso 2016-17

"NO NOS DEJEMOS ROBAR LA COMUNIDAD"

Muy queridos Hermanos todos:

Un nuevo Curso Pastoral se abre ante nosotros. Año tras año vamos caminando y vamos caminando juntos, unas veces muy orientados hacia objetivos que apreciamos con claridad, otras entre desánimos e incertidumbres; unas con la alegría de ver que se mezclan las huellas de las pisadas porque son muchos los hermanos que utilizan los mismos caminos, otras perdidos en soledades en los que nos gustaría percibir un canto, una melodía, una presencia a nuestro lado.

El curso pasado iniciamos lo que podríamos llamar el aterrizaje diocesano en el programa del Papa Francisco según La Alegría del Evangelio. Partíamos con un Plan elaborado entre todos y aprendido en la escucha del Santo Padre:

CONFIGURAR LA IGLESIA DIOCESANA EN CONVERSIÓN PASTORAL Y SALIDA MISIONERA. 

Para caminar juntos en esta dirección nos planteamos tres etapas, y el curso pasado tratamos de recorrer la primera:

Despertar y favorecer en toda la actividad pastoral de la Diócesis la experiencia personal de la fe. Se trataba de facilitarnos y ayudarnos a conseguir o renovar el encuentro personal con Jesús, que llena de la alegría del Evangelio y da un nuevo horizonte a la vida y con ello una orientación decisiva. En el desarrollo del curso vivimos una gracia especial de Padre Dios. Nos inspiró y nos ayudó a mantener el propósito de acompañarnos unos a otros con las reuniones arciprestales que mantuvimos durante todo el curso para hacer el seguimiento de los objetivos y la reflexión sobre las actividades que el Señor nos sugería llevar a cabo. Damos gracias a Dios por esos encuentros arciprestales y nos decidimos a seguir utilizando este recurso, que es gracia y don.
 La etapa que nos ocupará este curso: 

Priorizar y potenciar en todas las actividades pastorales la dimensión comunitaria de la fe, nos lleva a considerar que somos Iglesia, Iglesia de Jesús. El enunciado del Plan General de Pastoral tiene un subtítulo dividido en tres expresiones, y para este curso nos detenemos en la segunda:
JESÚS Y SU EVANGELIO NOS REÚNEN...


El vídeo del Papa 

Intenciones mensuales de oración del Papa Francisco sobre los desafíos de la humanidad. El mismo Papa Francisco explica en video cada mes las intenciones de oración universal y para la evangelización propuestas por el apostolado de la oración:

Puede ver el resto de videos en youtube haciendo click aquí: El Vídeo del Papa

Lo dice el Papa:

Angelus del 4 de diciembre:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el Evangelio de este segundo domingo de Adviento resuena la invitación de Juan el Bautista: “¡Convertíos porque el reino de los cielos está cerca!” (Mt 3,2). Con estas palabras Jesús dará inicio a su misión en Galilea (cfr Mt 4,17); y tal será también el anuncio que deberán llevar los discípulos en su primera experiencia misionera (cfr Mt 10,7). El evangelista Mateo quiere así presentar a Juan como el que prepara el camino al Cristo que viene, y los discípulos como los continuadores de la predicación de Jesús. Se trata del mismo alegre anuncio: ¡viene el reino de Dios, es más, está cerca, está en medio de nosotros! Esta palabra es muy importante: “el reino de Dios está en medio de vosotros”, dice Jesús. Y Juan anuncia esto que Jesús luego dirá: “El reino de Dios ha venido, ha llegado, está en medio de vosotros”. Este es el mensaje central de toda misión cristiana. Cuando un misionero va, un cristiano va a anunciar a Jesús, no va a hacer proselitismo como si fuera un hincha que busca más seguidores para su equipo. No, va simplemente a anunciar: “¡El reino de Dios está en medio de vosotros!”. Y así el misionero prepara el camino a Jesús, que encuentra a su pueblo. 

¿Pero qué es este reino de Dios, reino de los cielos? Son sinónimos. Nosotros pensamos enseguida en algo que se refiere al más allá: la vida eterna. Cierto, esto es verdad, el reino de Dios se extenderá sin fin más allá de la vida terrena, pero la buena noticia que Jesús nos trae — y que Juan anticipa– es que el reino de Dios no tenemos que esperarlo en el futuro: se ha acercado, de alguna manera está ya presente y podemos experimentar desde ahora el poder espiritual. Dios viene a establecer su señorío en la historia, en nuestra vida de cada día; y allí donde esta viene acogida con fe y humildad brotan el amor, la alegría y la paz.

La condición para entrar a formar parte de este reino es cumplir un cambio en nuestra vida, es decir, convertirnos. Convertirnos cada día, un paso adelante cada día. Se trata de dejar los caminos, cómodo pero engañosos, de los ídolos de este mundo: el éxito a toda costa, el poder a costa de los más débiles, la sed de riquezas, el placer a cualquier precio. Y de abrir sin embargo el camino al Señor que viene: Él no quita nuestra libertad, sino que nos da la verdadera felicidad. Con el nacimiento de Jesús en Belén, es Dios mismo que viene a habitar en medio de nosotros para librarnos del egoísmo, del pecado y de la corrupción, de estas estas actitudes que son del diablo: buscar éxito a toda costa, el poder a costa de los más débiles,  tener sed de riquezas y buscar el placer a cualquier precio.

La Navidad es un día de gran alegría también exterior, pero es sobre todo un evento religioso por lo que es necesaria una preparación espiritual. En este tiempo de Adviento, dejémonos guiar por la exhortación del Bautista: “Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos” (v. 3).

Nosotros preparamos el camino del Señor y allanamos sus senderos cuando examinamos nuestra conciencia, cuando escrutamos nuestras actitudes, cuando con sinceridad y confianza confesamos nuestros pecados en el sacramento de la penitencia. En este sacramento experimentamos en nuestro corazón la cercanía del reino de Dios y su salvación. La salvación de Dios es trabajo de una amor más grande que nuestro pecado; solamente el amor de Dios puede cancelar el pecado y liberar del mal, y solamente el amor de Dios puede orientarnos sobre el camino del bien.

Que la Virgen María nos ayude a prepararnos al encuentro con este Amor cada vez más grande que en la noche de Navidad se ha hecho pequeño pequeño, como una semilla caída en la tierra, la semilla del reino de Dios.

Después del ángelus, el Papa ha añadido:

Queridos hermanos y hermanas,

¡Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos!

Saludo en particular a los fieles venidos de Córdoba, Jaén y Valencia, de España; de Split y Makarska, en Croacia; de las parroquias de Santa María de la Oración y del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo en Roma.

A todos os deseo un feliz domingo y un buena camino de Adviento. Este preparar el camino al Señor, convertirnos cada día.

Hasta el jueves por la fiesta de María Inmaculada. En estos días rezamos unidos pidiendo su materna internación por la conversión de los corazones y el don de la paz.

Y por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo!

Audiencia del 30 de noviembre: 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Con la catequesis de hoy concluimos el ciclo dedicado a la misericordia. Pero las catequesis terminan, pero ¡la misericordia debe continuar! Agradecemos al Señor por todo esto y conservémoslo en el corazón como consolación y fortaleza.

La última obra de misericordia espiritual pide de rezar por los vivos y por los difuntos. A esta podemos unir también la última obra de misericordia corporal que invita a enterrar a los muertos. Puede parecer una petición extraña esta última; en cambio, en algunas zonas del mundo que viven bajo el flagelo de la guerra, con bombardeos que de día y de noche siembran temor y víctimas inocentes, esta obra es tristemente actual. La Biblia tiene un hermoso ejemplo al respecto: aquel del viejo Tobías, quien, arriesgando su propia vida, sepultaba a los muertos no obstante la prohibición del rey (Cfr. Tob 1,17-19; 2,2-4). También hoy existen algunos que arriesgan la vida para dar sepultura a las pobres víctimas de las guerras. Por lo tanto, esta obra de misericordia corporal no es ajena a nuestra existencia cotidiana. Y nos hace pensar a lo que sucede el Viernes Santo, cuando la Virgen María, con Juan y algunas mujeres estaban ante la cruz de Jesús. Después de su muerte, fue José de Arimatea, un hombre rico, miembro del Sanedrín pero convertido en discípulo de Jesús, y ofreció para él un sepulcro nuevo, excavado en la roca. Fue personalmente donde Pilatos y pidió el cuerpo de Jesús: ¡una verdadera obra de misericordia hecha con gran valentía! (Cfr. Mt 27,57-60). Para los cristianos, la sepultura es un acto de piedad, pero también un acto de gran fe. Depositamos en la tumba el cuerpo de nuestros seres queridos, con la esperanza de su resurrección (Cfr. 1 Cor 15,1-34). Este es un rito que perdura muy fuerte y apreciado en nuestro pueblo, y que encuentra repercusiones especiales en este mes de noviembre dedicado en particular al recuerdo y a la oración por los difuntos. Rezar por los difuntos es, sobre todo, un signo de reconocimiento por el testimonio que nos han dejado y el bien que han hecho. Es un agradecimiento al Señor porque nos los ha donado y por su amor y su amistad. Dice el sacerdote: «Acuérdate también, Señor, de tus hijos, que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz» (Canon romano). Un recuerdo simple, eficaz, lleno de significado, porque encomienda a nuestros seres queridos a la misericordia de Dios. Oremos con esperanza cristiana que estén con Él en el paraíso, en la espera de encontrarnos juntos en ese misterio de amor que no comprendemos, pero que sabemos que es verdad porque es una promesa que Jesús ha hecho. Todos resucitaremos y todos permaneceremos por siempre con Jesús, con Él.

El recuerdo de los fieles difuntos no debe hacernos olvidar también de rezar por los vivos, que junto a nosotros cada día enfrentan las pruebas de la vida. La necesidad de esta oración es todavía más evidente si la ponemos a la luz de la profesión de fe que dice: “Creo en la comunión de los santos”. Es el misterio que expresa la belleza de la misericordia que Jesús nos ha revelado. La comunión de los santos, de hecho, indica que todos estamos inmersos en la vida de Dios y vivimos en su amor. Todos, vivos y difuntos, estamos en la comunión, es decir, unidos todos, ¿no?, como una unión; unidos en la comunidad de cuantos han recibido el Bautismo, y de aquellos que se han nutrido del Cuerpo de Cristo y forman parte de la gran familia de Dios. Todos somos de la misma familia, unidos. Y por esto rezamos los unos por los otros.

¡Cuántos modos diversos existen para orar por nuestro prójimo! Son todos válidos y aceptados por Dios si son hechos con el corazón. Pienso de forma particular en las madres y en los padres que bendicen a sus hijos por la mañana y por la noche. Todavía existe esta costumbre en algunas familias: bendecir al hijo es una oración; pienso en la oración por las personas enfermas, cuando vamos a visitarlos y oramos por ellos; en la intercesión silenciosa, a veces con las lágrimas, en tantas situaciones difíciles, orar por estas situaciones difíciles. Ayer vino a la misa en Santa Marta un buen hombre, un empresario. Ese hombre joven debe cerrar su fábrica porque ya no puede y lloraba diciendo: “Yo no puedo dejar sin trabajo a más de 50 familias. Yo podría declarar la bancarrota de la empresa, yo me voy a casa con mi dinero, pero mi corazón llorará toda la vida por estas 50 familias”. Este es un buen cristiano que reza con las obras: vino a misa para rezar para que el Señor le dé una salida, no solo para él, sino para las cincuenta familias. Este es un hombre que sabe orar, con el corazón y con los hechos, sabe orar por el prójimo. Es una situación difícil. Y no busca la salida más fácil: “Que se ocupen ellos”. Este es un cristiano. ¡Me ha hecho mucho bien escucharlo! Y tal vez existan muchos así, hoy, en este momento en el cual tanta gente sufre por la falta de trabajo; pienso también en el agradecimiento por una bella noticia que se refiere a un amigo, un pariente, un compañero… “¡Gracias, Señor, por esta cosa bella!”, también esto es orar por los demás. Agradecer al Señor cuando las cosas van bien.  A veces, como dice San Pablo, “no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rom 8,26). Es el espíritu que ora dentro de nosotros. Abramos, pues, nuestro corazón, de modo que el Espíritu Santo, escrutando los deseos que están en lo más profundo, los pueda purificar y llevar a cumplimiento. De todos modos, por nosotros y por los demás, pidamos siempre que se haga la voluntad de Dios, como en el Padre Nuestro, porque su voluntad es seguramente el bien más grande, el bien de un Padre que no nos abandona jamás: rezar y dejar que el Espíritu Santo ore por nosotros. Y esto es bello en la vida: reza agradeciendo, alabando a Dios, pidiendo algo, llorando cuando hay alguna dificultad, como aquel hombre. Pero siempre el corazón abierto al Espíritu para que rece por nosotros, con nosotros y por nosotros.

Concluyendo estas catequesis sobre la misericordia, comprometámonos a orar los unos por los otros para que las obras de misericordia corporales y espirituales se conviertan cada vez más en el estilo de nuestra vida. Las catequesis, como he dicho principio, terminan aquí. Hemos hecho el recorrido de las 14 obras de misericordia, pero la misericordia continua y debemos ejercitarla en estos 14 modos. Gracias..

 

Web de la Santa Sede

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