La Parroquia Matriz de San Agustín y Santuario de Santa Rita,

Vegueta, Las Palmas de Gran Canaria, Diócesis de Canarias, España,
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18 de noviembre, II JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES  

El domingo 18 de noviembre, por expreso deseo del papa Francisco, la Iglesia celebra la jornada mundial de los pobres. 

Con ella se pretende que en nuestra conciencia se produzca un fuerte llamamiento, de modo que estemos cada vez más convencidos de que compartir con los pobres nos permite entender el Evangelio en su verdad más profunda y de que los pobres no son un problema, sino un recurso al cual acudir para acoger y vivir la esencia del Evangelio. 

El Santo Padre nos recuerda de esta forma que no amemos de palabra sino con obras. Hemos de ofrecer así la cercanía sincera, la oración, y la ayuda generosa y efectiva a tantas personas que, cerca y lejos de nosotros, sufren las muy variadas formas de pobreza que se dan hoy en nuestro mundo. De esta forma estaremos cumpliendo la palabra de Dios haciendo el elogio de quien sabe abrir sus manos al necesitado y tender sus brazos al pobre.

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO para la II JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

Plan Diocesano de Pastoral 2018-2019

«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre… Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos» (Mc 16, 15-18).

Hoy, en este “id” de Jesús, están presentes los escenarios y los desafíos siempre nuevos de la misión evangelizadora de la Iglesia, y todos somos llamados a esta nueva “salida” misionera.

Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar esta llamada: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio” (EG, 20).

El Plan Diocesano de Pastoral va dando pasos en la Diócesis. Va marcando una dirección común para todos y en muchos lugares está siendo el referente de toda la actividad. La tarea pastoral es apasionante y es una expresión de amor porque con ella ofrecemos a la gente la Alegría del Evangelio para que vivan en plenitud. Pero tenemos un gran peligro: la rutina.

Muchas veces hacemos las cosas porque siempre se han hecho y como siempre se han hecho. Por ello cada día necesitamos renovar el entusiasmo vocacional y la conversión pastoral. Esto es lo que pretende nuestro Plan Diocesano de Pastoral.

Más información en la web de la Diócesis de Canarias

Carta Pastoral de nuestro Obispo para el curso 2018-19

“TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO…”

Laicos para la Misión

Los planteamientos del Plan Diocesano de Pastoral y la experiencia concreta de su vivencia en las distintas comunidades nos han mostrado que merece la pena trabajar para hacer realidad la conversión pastoral que nos propuso el Papa Francisco. Concretamos esta conversión en tres denominaciones: discípulos, hermanos y misioneros. Hemos hecho lo posible por ir creciendo en cada una de estas dimensiones, y nos 

encontramos con que la última: misioneros, es la que nos ofrece mayores dificultades, y la que no terminamos de concretar en iniciativas y actividades que se consoliden. Y sin embargo, la insistencia de Francisco y concretamente su insistencia en la conversión pastoral, lo que está pidiendo con toda claridad es la salida misionera.

Ya en la última parte de la carta pastoral de apertura del curso pasado 17-18 ponía el acento en la dificultad especial que entrañaba esta salida misionera. Les invito a repasar aquellas últimas cuatro páginas, que retomaban el tema desde el impulso del Concilio Vaticano II. Si el Santo Padre Francisco -les decía hace ahora un año- nos apremia de modo tan vigoroso con las famosas palabras: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo”, es porque siente que esta dimensión de Iglesia en salida no es precisamente la dominante en las comunidades cristianas.

Descargue la carta pastoral de inicio de curso:

Carta pastoral del inicio del curso 2018 – 2019: Tanto amó Dios al mundo… Laicos para la misión.


El vídeo del Papa 

Intenciones mensuales de oración del Papa Francisco sobre los desafíos de la humanidad. El mismo Papa Francisco explica en video cada mes las intenciones de oración universal y para la evangelización propuestas por el apostolado de la oración:

Puede ver el resto de videos en youtube haciendo click aquí: El Vídeo del Papa

Lo dice el Papa:

Angelus del 11 de noviembre: 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

 

El episodio evangélico de hoy (ver Mc 12, 38-44) concluye la serie de enseñanzas impartidas por Jesús en el templo de Jerusalén y resalta dos figuras opuestas: el escriba y la viuda. Pero ¿por qué están contrapuestas? El escriba representa a las personas importantes, ricas, influyentes; la otra —la viuda— representa a los últimos, a los pobres, a los débiles. En realidad, el juicio resuelto de Jesús contra los escribas no concierne a toda la categoría de escribas, sino que se refiere a aquellos que alardean de su posición social, que se enorgullecen del título de “rabí”, es decir, maestro, a quienes les gusta que les reverencien y ocupar los primeros puestos (ver versículos 38-39). Lo peor es que su ostentación es sobre todo de naturaleza religiosa, porque rezan, dice Jesús —“so capa de largas oraciones”—(v.40) y se sirven de Dios para proclamarse como los defensores de su ley. Y esta actitud de superioridad y de vanidad les lleva a despreciar a los que cuentan poco o se encuentran en una posición económica desaventajada, como es el caso de las viudas.

 

Jesús desenmascara este mecanismo perverso: denuncia la opresión instrumentalizada de los débiles por motivos religiosos, diciendo claramente que Dios está del lado de los últimos. Y para grabar esta lección en la mente de los discípulos, les pone un ejemplo viviente: una pobre viuda, cuya posición social era insignificante porque no tenía un marido que pudiera defender sus derechos, y por eso era presa fácil para algún acreedor sin escrúpulos. Esta mujer, que echará en el tesoro del templo solamente dos moneditas, todo lo que le quedaba, y hace su ofrenda intentando pasar desapercibida, casi avergonzándose. Pero, precisamente con esta humildad, ella cumple una acción de gran importancia religiosa y espiritual. Ese gesto lleno de sacrificio no escapa a la mirada de Jesús, que, al contrario, ve brillar en él el don total de sí mismo en el que quiere educar a sus discípulos.

 

La enseñanza que Jesús nos da hoy nos ayuda a recobrar lo que es esencial en nuestras vidas y favorece una relación concreta y cotidiana con Dios. Hermanos y hermanas, las balanzas del Señor son diferentes a las nuestras. Pesa de manera diferente a las personas y sus gestos: Dios no mide la cantidad sino la calidad, escruta el corazón, mira la pureza de las intenciones. Esto significa que nuestro “dar” a Dios en la oración y a los demás en la caridad debería huir siempre del ritualismo y del formalismo, así como de la lógica del cálculo, y debe ser expresión de gratuidad, como hizo Jesús con nosotros: nos salvó gratuitamente, no nos hizo pagar la redención. Nos salvó gratuitamente. Y nosotros, debemos hacer las cosas como expresión de gratuidad. Por eso, Jesús indica a esa viuda pobre y generosa como modelo a imitar de vida cristiana. No sabemos su nombre, pero conocemos su corazón —la encontraremos en el Cielo y seguramente iremos a saludarla—, y eso es lo que cuenta ante Dios. Cuando nos sentimos tentados por el deseo de aparentar y de contabilizar nuestros gestos de altruismo, cuando estamos demasiado interesados ​​en la mirada de los demás pensemos en esta mujer y, —permitidme las palabras— cuando nos pavoneemos, pensemos en esta mujer. Nos hará bien: nos ayudará a despojarnos de lo superfluo para ir a lo que realmente importa, y a permanecer humildes.

 

¡Que la Virgen María, mujer pobre que se entregó totalmente a Dios, nos sostenga en el propósito de dar al Señor y a los hermanos, no algo nuestro, sino a nosotros mismos, en una ofrenda humilde y generosa!

 

Después del Ángelus

 

Queridos hermanos y hermanas:

 

Ayer en Barcelona tuvo lugar la beatificación del padre Teodoro Illera del Olmo y de quince compañeros mártires. Se trata de trece consagrados y tres fieles laicos. Nueve religiosos y los laicos pertenecían a la Congregación de San Pedro ad Vincula; tres religiosas eran capuchinas de la Madre del Divino Pastor y una era franciscana del Sagrado Corazón. Estos nuevos beatos fueron asesinados por su fe, en diferentes lugares y fechas, durante la guerra y la persecución religiosa del siglo pasado en España.¡Alabemos al Señor por estos valientes testigos suyos y un aplauso para ellos!

 

Hoy es el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, que mi predecesor Benedicto XV describió como una “masacre inútil”. Por eso, a la 13.30 hora italiana, las campanas sonarán en todo el mundo, también las de la basílica de San Pedro. La página histórica del primer conflicto mundial es para todos una grave advertencia a rechazar la cultura de la guerra y buscar cualquier medio legítimo para acabar con los conflictos que todavía hoy ensangrientan muchas regiones del mundo. Parece que nunca aprendemos. Mientras rezamos por todas las víctimas de esta enorme tragedia, digamos con fuerza: ¡invirtamos en la paz, no en la guerra! Y, como signo emblemático, tomemos el de San Martín de Tours, que hoy celebramos: cortó en dos su capa para compartirla con un pobre. Que este gesto de solidaridad humana nos indique a todos el camino para construir la paz.

 

El próximo domingo se celebrará la Jornada Mundial de los Pobres, con muchas iniciativas de evangelización, oración y compartición. También aquí, en la Plaza de San Pedro, habrá un ambulatorio que durante una semana atenderá a los que atraviesan por dificultades. Espero que esta Jornada promueva una atención creciente a las necesidades de los últimos, de los marginados, de los hambrientos.

 

Doy las gracias a todos vosotros, llegados de Roma, Italia y muchas partes del mundo. Saludo a los fieles de Mengíbar (España), a los de Barcelona, ​​al grupo del Inmaculado Corazón de María de Brasil y al de la Unión Mundial de Docentes Católicos. Saludo al Centro Turístico ACLI de Trento, a los fieles de San Benedetto Po y a los que se van a confirmar de Chiuppano. También saludo a los muchos polacos que veo aquí. ¡Hay muchos!

 

A todos os deseo un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí.¡Buen almuerzo y hasta pronto! 

 

Audiencia General del 14 de noviembre:   

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!


En la catequesis de hoy abordaremos la Octava Palabra del Decálogo: “No darás falso testimonio contra tu prójimo”.


Este mandamiento – dice el Catecismo – “prohíbe falsear la verdad en las relaciones con el prójimo” (No. 2464). Vivir de comunicaciones que no son auténticas es grave porque impide las relaciones y, por lo tanto impide el amor. Donde hay mentira no hay amor, no puede haber amor. Y cuando hablamos de comunicación entre personas, no nos referimos solo a las palabras, sino también a los gestos, a las actitudes, incluso a los silencios y las ausencias. Una persona habla con todo lo que es y lo que hace. Todos nosotros estamos en comunicación siempre. Todos vivimos comunicándonos y estamos constantemente en equilibrio entre la verdad y la falsedad.


¿Pero qué significa decir la verdad? ¿Significa ser sinceros? ¿O exactos? En realidad, esto no es suficiente, porque uno puede equivocarse sinceramente, o puede ser preciso en los detalle, pero no captar el significado del todo. A veces nos justificamos diciendo: “¡Pero yo he dicho lo que sentía!” Sí, pero has absolutizado tu punto de vista. O: “¡He dicho solamente la verdad!”. Tal vez, pero has revelado algunos hechos personales o confidenciales. ¡Cuántos chismes destruyen la comunión por inoportunidad  o falta de delicadeza! Más aun, los chismes matan, y esto lo ha dicho el apóstol Santiago en su Carta. El chismoso, la chismosa son gente que mata: mata a los demás, porque la lengua mata como un cuchillo. ¡Tened cuidado! Un chismoso o una chismosa es un terrorista porque con su lengua tira una bomba y se va tranquilo, pero lo que esa bomba que ha tirado destruye la fama de los demás. No lo olvidéis: chismorrear es matar.


Pero entonces, ¿Qué es la verdad? Esta es la pregunta de Pilatos, precisamente cuando Jesús, delante de él, cumplía el octavo mandamiento (cf. Jn 18,38). De hecho, las palabras “No darás falso testimonio contra tu prójimo” pertenecen al lenguaje jurídico. Los evangelios culminan en el relato de la Pasión, Muerte y  Resurrección de Jesús; y esta es la historia de un proceso, de la ejecución de la sentencia y de una consecuencia inaudita.


Interrogado por Pilatos Jesús dice: “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo para dar testimonio de la verdad” (Jn 18, 37). Y este “testimonio” Jesús lo da con su pasión y su muerte. El evangelista Marcos narra que “Al ver el centurión, que estaba frente a él, que había expirado de esa manera, dijo: ¡Verdaderamente este hombre era  Hijo de Dios!” (15.39). Sí, porque era coherente, fue coherente: con su forma de morir, Jesús manifiesta al Padre, su amor misericordioso y fiel.


La verdad encuentra su plena realización en la misma persona de Jesús (cf. Jn 14, 6), en su forma de vivir y morir, fruto de su relación con el Padre. Esta existencia de  hijos de Dios, Él, resucitado, nos la otorga también a nosotros enviando al Espíritu Santo, que es Espíritu de verdad, que da testimonio a nuestros corazones de que Dios es nuestro Padre (cf. Rom. 8:16).


En cada una de sus acciones, el hombre, las personas afirman o niegan esta verdad. Desde las pequeñas situaciones cotidianas hasta las decisiones más exigentes. Pero es siempre la misma lógica: la que los padres y los abuelos nos enseñan cuando nos dicen que no digamos mentiras.


Preguntémonos: ¿qué verdad atestiguan las obras de nosotros, los cristianos, nuestras palabras y nuestras decisiones? Cada uno puede preguntarse: ¿Yo soy un testigo de la verdad o soy más o menos un mentiroso disfrazado de verdadero? Que se lo pregunte cada uno. Los cristianos no somos hombres y mujeres excepcionales. Somos, sin embargo, hijos del Padre celestial, que es bueno y no nos decepciona, y pone en sus corazones el amor por sus hermanos. Esta verdad no se dice tanto con los discursos, es una forma de existir , un modo de vivir, y se ve en cada acto (cf. St.2:18). Este hombre es un hombre verdadero, esta mujer es una mujer verdadera: se nota. Pero ¿por qué, si no abre la boca? Pero se comporta como verdadero, como verdadera. Dice la verdad, actúa con la verdad. Una hermosa manera de vivir para nosotros.


La verdad es la maravillosa revelación de Dios, de su rostro de Padre, es su amor ilimitado. Esta verdad corresponde a la razón humana, pero la supera infinitamente, porque es un don que ha descendido a la tierra y se ha encarnado en Cristo crucificado y resucitado; se hace visible gracias  a aquellos que le pertenecen y muestran sus mismas actitudes.


No dirás falso testimonio significa vivir como un hijo de Dios, que nunca, nunca se desmiente, nunca dice mentiras; vivir como hijos de Dios, dejando emerger en cada acto la gran verdad: que Dios es Padre y podemos fiarnos de Él. Yo me fio de Dios: esta es la gran verdad. De nuestra confianza en Dios, que es Padre y me ama, nos ama nace mi verdad y el ser veraz y no mentiroso.

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Web de la Santa Sede

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