La Parroquia Matriz de San Agustín y Santuario de Santa Rita,

Vegueta, Las Palmas de Gran Canaria, Diócesis de Canarias, España,
te da la bienvenida y agradece tu visita a esta Web parroquial
y espera que encuentres toda la información que necesitas,
sobre la parroquia y otros recursos de interés.
 




22 de enero, Jornada de la Infancia Misionera 

 El Papa Francisco explica qué es Infancia Misionera:

Una Obra solidaria. En ella, los niños descubren la solidaridad evangélica, la oración y la cooperación económica. Por estas vías, actúan juntos para remediar las injusticias que sufren tantos pequeños en los territorios de misión.

"En un mundo donde hay tantos recursos, no se puede entender cómo hay tantos niños hambrientos, tantos niños sin educación, ¡tantos pobres!".

 

Una Obra innovadora. Fundada en 1843, se adelantó 80 años a la Declaración de los Derechos del Niño de Ginebra y 100 al nacimiento de Unicef. y con una singularidad: es de los niños y para los niños, que ya no son solo beneficiarios, sino protagonistas.

"Muchos niños, en las parroquias, son protagonistas de gestos de solidaridad hacia sus coetáneos, y así amplían los horizontes de su fraternidad".

 

Una Obra misionera. Abre el corazón de los más pequeños al espíritu misionero. Así, lleva el mensaje de Jesús a los niños que aún no lo conocen y, a la vez, es fermento de nuevas vocaciones que anuncien el Evangelio.

"La Jornada de la Infancia Misionera es la fiesta de los niños que viven con alegría el don de la fe y rezan para que la luz de Jesús llegue a todos los niños del mundo".

 

Gracias a la ayuda de los niños de todo el mundo, en 2015 se enviaron cerca de 17 millones de euros para sostener 2795 proyectos de misión.

 


15 de enero, Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 

 

«Emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz»

 
Queridos hermanos y hermanas:


«El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado» (Mc 9,37; cf. Mt 18,5; Lc 9,48; Jn 13,20). Con estas palabras, los evangelistas recuerdan a la comunidad cristiana una enseñanza de Jesús que apasiona y, a la vez, compromete. Estas palabras en la dinámica de la acogida trazan el camino seguro que conduce a Dios, partiendo de los más pequeños y pasando por el Salvador. Precisamente la acogida es condición necesaria para que este itinerario se concrete: Dios se ha hecho uno de nosotros, en Jesús se ha hecho niño y la apertura a Dios en la fe, que alimenta la esperanza, se manifiesta en la cercanía afectuosa hacia los más pequeños y débiles. La caridad, la fe y la esperanza están involucradas en las obras de misericordia, tanto espirituales como corporales, que hemos redescubierto durante el reciente Jubileo extraordinario.


Pero los evangelistas se fijan también en la responsabilidad del que actúa en contra de la misericordia: «Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar» (Mt 18,6; cf. Mc 9,42; Lc 17,2). ¿Cómo no pensar en esta severa advertencia cuando se considera la explotación ejercida por gente sin escrúpulos, ocasionando daño a tantos niños y niñas, que son iniciados en la prostitución o atrapados en la red de la pornografía, esclavizados por el trabajo de menores o reclutados como soldados, involucrados en el tráfico de drogas y en otras formas de delincuencia, obligados a huir de conflictos y persecuciones, con el riesgo de acabar solos y abandonados?


Por eso, con motivo de la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, que se celebra cada año, deseo llamar la atención sobre la realidad de los emigrantes menores de edad, especialmente los que están solos, instando a todos a hacerse cargo de los niños, que se encuentran desprotegidos por tres motivos: porque son menores, extranjeros e indefensos; por diversas razones, son forzados a vivir lejos de su tierra natal y separados del afecto de su familia...


Plan Diocesano de Pastoral 2015-2020

El tema general del Plan Diocesano de Pastoral, para los próximos cinco años, quiere centrar la mirada y los esfuerzos, en el juego existente entre conversión Pastoral y salida Misionera, donde Jesús y su evangelio nos cambian, nos reúnen y nos envían. 

“La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que “el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial” (NMI 12) con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifi este como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera” (Documento Aparecida 370).

Más información en la web de la Diócesis de Canarias

Carta Pastoral de nuestro Obispo para el curso 2016-17

"NO NOS DEJEMOS ROBAR LA COMUNIDAD"

Muy queridos Hermanos todos:

Un nuevo Curso Pastoral se abre ante nosotros. Año tras año vamos caminando y vamos caminando juntos, unas veces muy orientados hacia objetivos que apreciamos con claridad, otras entre desánimos e incertidumbres; unas con la alegría de ver que se mezclan las huellas de las pisadas porque son muchos los hermanos que utilizan los mismos caminos, otras perdidos en soledades en los que nos gustaría percibir un canto, una melodía, una presencia a nuestro lado.

El curso pasado iniciamos lo que podríamos llamar el aterrizaje diocesano en el programa del Papa Francisco según La Alegría del Evangelio. Partíamos con un Plan elaborado entre todos y aprendido en la escucha del Santo Padre:

CONFIGURAR LA IGLESIA DIOCESANA EN CONVERSIÓN PASTORAL Y SALIDA MISIONERA. 

Para caminar juntos en esta dirección nos planteamos tres etapas, y el curso pasado tratamos de recorrer la primera:

Despertar y favorecer en toda la actividad pastoral de la Diócesis la experiencia personal de la fe. Se trataba de facilitarnos y ayudarnos a conseguir o renovar el encuentro personal con Jesús, que llena de la alegría del Evangelio y da un nuevo horizonte a la vida y con ello una orientación decisiva. En el desarrollo del curso vivimos una gracia especial de Padre Dios. Nos inspiró y nos ayudó a mantener el propósito de acompañarnos unos a otros con las reuniones arciprestales que mantuvimos durante todo el curso para hacer el seguimiento de los objetivos y la reflexión sobre las actividades que el Señor nos sugería llevar a cabo. Damos gracias a Dios por esos encuentros arciprestales y nos decidimos a seguir utilizando este recurso, que es gracia y don.
 La etapa que nos ocupará este curso: 

Priorizar y potenciar en todas las actividades pastorales la dimensión comunitaria de la fe, nos lleva a considerar que somos Iglesia, Iglesia de Jesús. El enunciado del Plan General de Pastoral tiene un subtítulo dividido en tres expresiones, y para este curso nos detenemos en la segunda:
JESÚS Y SU EVANGELIO NOS REÚNEN...


El vídeo del Papa 

Intenciones mensuales de oración del Papa Francisco sobre los desafíos de la humanidad. El mismo Papa Francisco explica en video cada mes las intenciones de oración universal y para la evangelización propuestas por el apostolado de la oración:

Puede ver el resto de videos en youtube haciendo click aquí: El Vídeo del Papa

Lo dice el Papa:

Angelus del 15 de enero:

Queridos hermanos y hermanas,

En el centro del Evangelio de hoy (Jn 1, 29-34) está la palabra de Juan Bautista: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (v. 29). Una palabra acompañada por la mirada y el gesto de la mano que le señalan a Él, Jesús. Imaginamos la escena. Estamos en la orilla del río Jordán. Juan está bautizando; hay mucha gente, hombres y mujeres de distintas edades, venidos allí, al río, para recibir el bautismo de las manos de ese hombre que a muchos les recordaba a Elías, el gran profeta que nueve siglos antes había purificado a los israelitas de la idolatría y les había reconducido a la verdadera fe en el Dios de la alianza, el Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob.

Juan predica que el reino de los cielos está cerca, que el Mesías va a manifestarse y es necesario prepararse, convertirse y comportarse con justicia; y se pone a bautizar en el Jordán para dar al pueblo un medio concreto de penitencia (cfr Mt 3,1-6). Esta gente venía para arrepentirse de sus pecados, para hacer penitencia, para comenzar de nuevo la vida. Él sabe, Juan sabe, que el Mesías, el Consagrado del Señor ya está cerca, y el signo para reconocerlo será que sobre Él se posará el Espíritu Santo; de hecho Él llevará el verdadero bautismo, el bautismo en el Espíritu Santo (cfr Jn 1,33).

Y el momento llega: Jesús se presenta en la orilla del río, en medio de la gente, de los pecadores –como todos nosotros–. Es su primer acto público, la primera cosa que hace cuando deja la casa de Nazaret, a los treinta años: baja a Judea, va al Jordán y se hace bautizar por Juan. Sabemos qué sucede –lo hemos celebrado el domingo pasado–: sobre Jesús baja el Espíritu Santo en forma de paloma y la voz del Padre lo proclama Hijo predilecto (cfr Mt 3,16-17). Es el signo que Juan esperaba. ¡Es Él! Jesús es el Mesías. Juan está desconcertado, porque se ha manifestado de una forma impensable: en medio de los pecadores, bautizado como ellos, es más, por ellos. Pero el Espíritu ilumina a Juan y le hace entender que así se cumple la justicia de Dios, se cumple su diseño de salvación: Jesús es el Mesías, el Rey de Israel, pero no con el poder de este mundo, sino como Cordero de Dios, que toma consigo y quita el pecado del mundo.

Así Juan lo indica a la gente y a sus discípulos. Porque Juan tenía un numeroso círculo de discípulos, que lo habían elegido como guía espiritual, y precisamente algunos de ellos se convertirán en los primeros discípulos de Jesús. Conocemos bien sus nombres: Simón, llamado después Pedro, su hermano Andrés, Santiago y su hermano Juan. Todos pescadores; todos galileos, como Jesús.

Queridos hermanos y hermanas, ¿por qué nos hemos parado mucho en esta escena? ¡Porque es decisiva! No es una anécdota, es un hecho histórico decisivo. Es decisiva por nuestra fe; es decisiva también por la misión de la Iglesia. La Iglesia, en todos los tiempos, está llamada a hacer lo que hizo Juan el Bautista, indicar a Jesús a la gente diciendo: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Él es un el único Salvador, Él es el Señor, humilde, en medio de los pecadores. Pero es Él. Él, no es otro poderoso que viene. No no. Él.

Y estas son las palabras que nosotros sacerdotes repetimos cada día, durante la misa, cuando presentamos al pueblo el pan y el vino convertidos en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Este gesto litúrgico representa toda la misión de la Iglesia, la cual no se anuncia a sí misma. Ay, ay cuando la Iglesia se anuncia a sí misma. Pierde la brújula, no sabe dónde va. La Iglesia anuncia a Cristo; no se lleva a sí misma, lleva a Cristo. Porque es Él y solo Él quien salva a su pueblo del pecado, lo libera y lo guía a la tierra de la vida y de la libertad.

La Virgen María, Madre del Cordero de Dios, nos ayude a creer en Él y a seguirlo.

Después del ángelus, el Santo Padre ha añadido:

Queridos hermanos y hermanas,

hoy se celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, dedicada al tema “Menores migrantes, vulnerables y sin voz”. Estos nuestros hermanos pequeños, especialmente si no están acompañados, están expuestos a muchos peligros. Y os digo, ¡hay muchos! Es necesario adoptar toda medida posible para garantizar a los menores migrantes la protección y la defensa, como también su integración.

Dirijo un saludo especial a la representación de distintas comunidades étnicas aquí reunidas, en particular a las católicas de Roma. Queridos amigos, os deseo vivir serenamente en las localidades que os acogen, respetando las leyes y las traiciones y, al mismo tiempo, cuidando los valores de vuestras culturas de origen. ¡El encuentro de varias culturas es siempre un enriquecimiento para todos! Doy las gracias a la oficina Migrantes de la diócesis de Roma y a los que trabajan con los migrantes para acogerlos y acompañarlos en sus dificultades, y animo a continuar esta obra, recordando el ejemplo de santa Francisca Javier Cabrini, patrona de los migrantes, de la que este año se celebra el centenario de la muerte. Esta religiosa valiente dedicó su vida a llevar el amor de Cristo a los que estaban lejos de la patria y de la familia. Su testimonio nos ayude a cuidar del hermano forastero, en el cual está presente Jesús, a menudo que sufre, es rechazado y humillado. Cuántas veces en la Biblia el Señor no ha pedido acoger migrantes y forasteros, recordándonos que también nosotros somos forasteros.

Saludo con afecto a todos vosotros, queridos fieles procedente de distintas parroquias de Italia y de otros países, como también a las asociaciones y a los distintos grupos. En particular, los estudiantes del Instituto Meléndez Valdés de Villafranca de los Barros, España.

A todos os deseo un feliz domingo y buen almuerzo. Y nos os olvidéis de rezar por mí. ¡Hasta pronto!

Audiencia del 18 de enero: 

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.


En la Sagrada Escritura, entre los profetas de Israel, despunta una figura un poco anómala, un profeta que intenta evadirse de la llamada del Señor rechazando ponerse al servicio del plan divino de salvación. Se trata del profeta Jonás, de quién se narra la historia en un pequeño libro de solo cuatro capítulos, una especie de parábola portadora de una gran enseñanza, la de la misericordia de Dios que perdona.


Jonás es un profeta “en salida”, también en fuga, que Dios envía “a la periferia”, a Nínive, para convertir a los habitantes de esa gran ciudad. Pero Nínive, para un israelita como Jonás, representa una realidad que amenaza, el enemigo que ponía en peligro la misma Jerusalén, y por tanto para destruir, no para salvar. Por eso, cuando Dios manda a Jonás a predicar en esa ciudad, el profeta, que conoce la bondad del Señor y su deseo de perdonar, trata de escapar de su tarea y huye.


Durante su huida, el profeta entra en contacto con los paganos, los marineros de la nave sobre la que se embarca para alejarse de Dios y de su misión. Y huye lejos porque Nínive estaba en la zona de Irak y él huye a España. Pero huye de verdad. Y es precisamente el comportamiento de estos hombres, como después será el de los habitantes de Nínive, que nos permite hoy reflexionar un poco sobre la esperanza que, delante del peligro y de la muerte, se expresa en oración.


De hecho, durante la travesía en el mar, estalla una gran tormenta, y Jonás baja en la bodega del barco y se duerme. Los marineros sin embargo, viéndose perdidos, «invocaron cada uno al propio dios» (Jon 1,5). Eran paganos. El capitán del barco despierta a Jonás diciéndole: «Qué haces aquí dormido? Levántate e invoca a tu dios. Tal vez ese dios se acuerde de nosotros, para que no perezcamos» (Jon 1,6).


Las reacciones de estos “paganos” es la reacción justa delante de la muerte; porque es entonces que el hombre hace experiencia completa de la propia fragilidad y de la propia necesidad de salvación. El horror instintivo de morir desvela la necesidad de esperar en el Dios de la vida. «Quizá Dios se acuerde de nosotros y no pereceremos»: son las palabras de la esperanza que se convierten en oración, esa súplica llena de angustia que sale de los labios del hombre delante a un inminente peligro de muerte.


Demasiado fácilmente diseñamos el dirigirnos a Dios en la necesidad como si fuera solo una oración interesada, y por eso imperfecta. Pero Dios conoce nuestra debilidad, sabe que nos acordamos de Él para pedir ayuda, y con la sonrisa indulgente de un padre responde benevolente.


Cuando Jonás, reconociendo la propia responsabilidad, se hace echar al mar para salvar a sus compañeros de viaje, la tempestad se calma. La muerte inminente ha llevado a esos hombres paganos a la oración, ha hecho que el profeta, a pesar de todo, viviera la propia vocación al servicio de los otros aceptando sacrificarse por ellos, y ahora conduce a los supervivientes al reconocimiento del verdadero Señor y a la alabanza. Los marineros, que habían rezado con miedo dirigiéndose a sus dioses, ahora, con sincero temor del Señor, reconocen al verdadero Dios y ofrecen sacrificios y hacen promesas. La esperanza, que les había llevado a rezar para no morir, se revela aún más poderoso y obra una realidad que va también más allá de lo que ellos esperaban: no solo no perecen en la tempestad, sino que se abren al reconocimiento del verdadero y único Señor del cielo y de la tierra.


Sucesivamente, también los habitantes de Nínive, delante de la perspectiva de ser destruidos, rezan, empujados por la esperanza en el perdón de Dios. Harán penitencia, invocarán al Señor y se convertirán a Él, empezando por el rey, que, como el capitán de la nave, da voz a la esperanza diciendo: «Tal vez Dios se vuelva atrás y se arrepienta … de manera que no perezcamos» (Jon 3,9). También para ellos, como para la tripulación en la tormenta, haber afrontado la muerte y haber resultado salvados les ha llevado a la verdad. Así, bajo la misericordia divina, y aún más a la luz del misterio pascual, la muerte se puede convertir, como ha sido para san Francisco de Asís, en “nuestra hermana muerte” y representar, para cada hombre y para cada uno de nosotros, la sorprendente ocasión de conocer la esperanza y de encontrar al Señor. Que el Señor nos haga entender esto: la unión entre oración y esperanza. La oración te lleva adelante a la esperanza.  Y cuando las cosas se vuelven oscuras, más oración y habrá más esperanza.

Web de la Santa Sede

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