La Parroquia Matriz de San Agustín y Santuario de Santa Rita,

Vegueta, Las Palmas de Gran Canaria, Diócesis de Canarias, España,
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y espera que encuentres toda la información que necesitas,
sobre la parroquia y otros recursos de interés.
 




7 de mayo, Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 

Queridos hermanos y hermanas:

En los años anteriores, hemos tenido la oportunidad de reflexionar sobre dos aspectos de la vocación cristiana: la invitación a «salir de sí mismo», para escuchar la voz del Señor, y la importancia de la comunidad eclesial como lugar privilegiado en el que la llamada de Dios nace, se alimenta y se manifiesta.

Ahora, con ocasión de la LIV Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, quisiera centrarme en la dimensión misionera de la llamada cristiana. Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad. Todos los cristianos han sido constituidos misioneros del Evangelio. El discípulo, en efecto, no recibe el don del amor de Dios como un consuelo privado, y no está llamado a anunciarse a sí mismo, ni a velar los intereses de un negocio; simplemente ha sido tocado y trasformado por la alegría de sentirse amado por Dios y no puede guardar esta experiencia solo para sí: «La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera» (Evangelii gaudium, n. 21).

Por eso, el compromiso misionero no es algo que se añade a la vida cristiana, como si fuese un adorno, sino que, por el contrario, está en el corazón mismo de la fe: la relación con el Señor implica ser enviado al mundo como profeta de su palabra y testigo de su amor...


Fotos de Semana Santa 



Me apunto a clase de religión 

 

En la época de reservar la matrícula en los colegios e institutos, la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis se dirige a los padres y a los propios alumnos para que se apunten a la asignatura de religión católica. Este año han preparado una campaña de carácter especial, a propuesta de los delegados de Enseñanza de las diócesis, que se presenta en la sede de la Conferencia Episcopal  Española.


Me apunto a religión


Bajo el lema “Me apunto a religión” esta campaña anima a los padres a hacer uso del derecho que tienen a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral católica en la escuela, según sus convicciones. Para ello es necesario inscribirles a la clase de religión o que los alumnos estén motivados para que lo hagan ellos mismos.


Desde la Comisión Episcopal de Enseñanza recuerdan que es a ellos a quien corresponde la educación de sus hijos y no al Estado. La eliminación de este derecho o la imposibilidad de elegir libremente el centro educativo para sus hijos debilitarían significativamente nuestra democracia.


Por eso, invitan a los padres a favorecer la educación religiosa de sus hijos, sin dejarse frenar por las dificultades que pueden encontrar en algunos centros educativos a la hora de apuntarles a la asignatura de religión católica.


La asignatura de religión es fundamental para tener un conocimiento más completo del mundo que nos rodea. Cuando te apuntas a la asignatura de religión te apuntas a entender las claves que han formado la historia, la política, el arte, las costumbres, la cultura, las leyes… y por qué las religiones han movido el mundo.

La asignatura de religión no es catequesis. No evalúa tu fe sino el conocimiento. Y el conocimiento es libertad. Libertad para pensar. Libertad para creer. No se puede elegir lo que no se conoce y no se puede conocer si no se puede elegir la religión.

Una educación con religión es una formación completa. No hagamos de la religión una asignatura pendiente.


Plan Diocesano de Pastoral 2015-2020

El tema general del Plan Diocesano de Pastoral, para los próximos cinco años, quiere centrar la mirada y los esfuerzos, en el juego existente entre conversión Pastoral y salida Misionera, donde Jesús y su evangelio nos cambian, nos reúnen y nos envían. 

“La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que “el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial” (NMI 12) con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifi este como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera” (Documento Aparecida 370).

Más información en la web de la Diócesis de Canarias

Carta Pastoral de nuestro Obispo para el curso 2016-17

"NO NOS DEJEMOS ROBAR LA COMUNIDAD"

Muy queridos Hermanos todos:

Un nuevo Curso Pastoral se abre ante nosotros. Año tras año vamos caminando y vamos caminando juntos, unas veces muy orientados hacia objetivos que apreciamos con claridad, otras entre desánimos e incertidumbres; unas con la alegría de ver que se mezclan las huellas de las pisadas porque son muchos los hermanos que utilizan los mismos caminos, otras perdidos en soledades en los que nos gustaría percibir un canto, una melodía, una presencia a nuestro lado.

El curso pasado iniciamos lo que podríamos llamar el aterrizaje diocesano en el programa del Papa Francisco según La Alegría del Evangelio. Partíamos con un Plan elaborado entre todos y aprendido en la escucha del Santo Padre:

CONFIGURAR LA IGLESIA DIOCESANA EN CONVERSIÓN PASTORAL Y SALIDA MISIONERA. 

Para caminar juntos en esta dirección nos planteamos tres etapas, y el curso pasado tratamos de recorrer la primera:

Despertar y favorecer en toda la actividad pastoral de la Diócesis la experiencia personal de la fe. Se trataba de facilitarnos y ayudarnos a conseguir o renovar el encuentro personal con Jesús, que llena de la alegría del Evangelio y da un nuevo horizonte a la vida y con ello una orientación decisiva. En el desarrollo del curso vivimos una gracia especial de Padre Dios. Nos inspiró y nos ayudó a mantener el propósito de acompañarnos unos a otros con las reuniones arciprestales que mantuvimos durante todo el curso para hacer el seguimiento de los objetivos y la reflexión sobre las actividades que el Señor nos sugería llevar a cabo. Damos gracias a Dios por esos encuentros arciprestales y nos decidimos a seguir utilizando este recurso, que es gracia y don.
 La etapa que nos ocupará este curso: 

Priorizar y potenciar en todas las actividades pastorales la dimensión comunitaria de la fe, nos lleva a considerar que somos Iglesia, Iglesia de Jesús. El enunciado del Plan General de Pastoral tiene un subtítulo dividido en tres expresiones, y para este curso nos detenemos en la segunda:
JESÚS Y SU EVANGELIO NOS REÚNEN...


El vídeo del Papa 

Intenciones mensuales de oración del Papa Francisco sobre los desafíos de la humanidad. El mismo Papa Francisco explica en video cada mes las intenciones de oración universal y para la evangelización propuestas por el apostolado de la oración:

Puede ver el resto de videos en youtube haciendo click aquí: El Vídeo del Papa

Lo dice el Papa:

Regina Coeli del 23 de abril:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Sabemos que cada domingo hacemos memoria de la resurrección del Señor Jesús, pero en este periodo después de la Pascua, el domingo se reviste de un significado aún más iluminante. En la tradición de la Iglesia, este domingo, el primero después de la Pascua, se denominaba ‘in albis’. ¿Qué significa esto? Esta expresión se proponía evocar el rito que cumplían cuantos habían recibido el bautismo en la Vigilia de Pascua. A cada uno de ellos se les entregaba una túnica blanca – ‘alba’ –  ‘blanca’, para indicar la nueva dignidad de los hijos de Dios. Aún hoy se sigue haciendo, a los recién nacidos se les ofrece una pequeña túnica simbólica, al tiempo que los adultos visten una verdadera, como vimos en la Vigilia Pascual. Y aquella túnica blanca, en el pasado, se llevaba puesta durante una semana, hasta este domingo y de ello deriva el nombre ‘in albis deponendis’,  que significa el domingo en el que se quita la túnica blanca. Y así,  cuando se quitaban la túnica blanca, los neófitos comenzaban una vida nueva en Cristo y en la Iglesia.

Hay otra cosa. En el Jubileo del año 2000, San Juan Pablo II estableció que este domingo se dedicara a la Divina Misericordia. ¡Es verdad, fue una bella intuición: fue el Espíritu Santo el que lo inspiró en esto! Desde hace pocos meses hemos concluido el Jubileo extraordinario de la Misericordia y este domingo nos invita a retomar con fuerza la gracia que proviene de la misericordia de Dios. El Evangelio de hoy es la narración de la aparición de Cristo resucitado a los discípulos reunidos en el cenáculo (cfr Jn 20, 19-31). Escribe San Juan que Jesús, después de haber saludado a sus discípulos, les dijo: «Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes». Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen» ( 21- 23). He aquí el sentido de la misericordia que se presenta justo el día de la resurrección de Jesús como perdón de los pecados. Jesús Resucitado ha transmitido a su Iglesia, como primera tarea, su misma misión de llevar a todos el anuncio concreto del perdón. Ésta es la primera tarea: anunciar el perdón. Este signo visible de su misericordia lleva consigo la paz del corazón y la alegría del encuentro renovado con el Señor.

La misericordia en la luz de la Pascua se deja percibir como una verdadera forma de conocimiento. Y esto es importante: la misericordia es una verdadera forma de conocimiento. Sabemos que se conoce a través de tantas formas. Se conoce a través de los sentidos, se conoce a través de la intuición, la razón y otras más. Pues bien, ¡se puede conocer también a través de la experiencia de la misericordia.  Porque la misericordia abre la puerta de la mente para comprender mejor el misterio de Dios y de nuestra existencia personal. La misericordia nos hace comprender que la violencia, el rencor, la venganza no tienen sentido alguno y que la primera víctima es la que vive con estos sentimientos, porque se priva de su propia dignidad. La misericordia abre también la puerta del corazón y permite expresar cercanía, sobre todo a cuantos están solos y marginados, porque los hace sentir hermanos e hijos de un solo Padre. Ella favorece el reconocimiento de cuantos tienen necesidad de consolación y hace encontrar palabras adecuadas para dar conforto.

Hermanos y hermanas, la misericordia calienta el corazón y lo vuelve sensible a las necesidades de los hermanos con el compartir y la participación. La misericordia, en resumen, nos compromete a todos a ser instrumentos de justicia, de reconciliación y de paz. Nunca olvidemos que la misericordia es la clave en la vida de fe y la forma concreta con la que damos visibilidad a la resurrección de Jesús.

Que María, Madre de la Misericordia, nos ayude a creer y a vivir con alegría todo esto.

(Después de la oración mariana del Regina Coeli el Papa ha dicho:)

Queridos hermanos y hermanas:

ayer en Oviedo, España, ha sido proclamado Beato el sacerdote Luis Antonio Rosa Ormières. Vivió en el siglo XIX, gastando sus muchas cualidades humanas y espirituales en el servicio de la educación, y por esto fundó la Congregación de las Hermanas del Ángel de la Guarda. Que su ejemplo y su intercesión ayuden de forma particular a cuantos trabajan en la escuela y en el campo educativo.

Saludo cordialmente a todos ustedes, fieles romanos y peregrinos de Italia y de tantos Países, en especial a la Confraternidad de San Sebastián de Kerkrade (Holanda), el Nigerian Catholic Secretariat y la parroquia Liebfrauen de Bocholt (Alemania).

Saludo a los peregrinos polacos, y expreso vivo aprecio por la iniciativa de Caritas Polonia en apoyo de muchas familias en Siria. Doy un saludo especial a los devotos de la Divina Misericordia reunidos hoy en la iglesia de Santo Spirito in Sassia, así como también a los participantes en la “Carrera por la Paz”: una estafeta que parte hoy desde esta Plaza para llegar hasta Wittenberg, en Alemania.

Saludo a los numerosos grupos de chicos, especialmente confirmados o confirmandos: de las Diócesis de Piacenza-Bobbio, Trento, Cúneo, Milán, Lodi, Cremona, Bérgamo, Brescia y Vicenza. Y también a la Escuela “Masaccio” de Treviso y al Instituto “San Carpóforo” de Como.

Finalmente  agradezco a  todos aquellos que en  este período me han enviado mensajes de saludo por Pascua. Los correspondo cordialmente invocando para cada uno y para cada familia la gracia del Señor Resucitado. Buen domingo, y no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!




Audiencia del 19 de abril: 


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Nos encontramos hoy, en la luz de la Pascua, que hemos celebrado y continuamos celebrándola en la Liturgia. Por esto, en nuestro itinerario de catequesis sobre la esperanza cristiana, hoy deseo hablarles de Cristo Resucitado, nuestra esperanza, así como lo presenta San Pablo en la Primera Carta a los Corintios (Cfr. cap. 15).

El apóstol quiere resolver una problemática que seguramente en la comunidad de Corinto estaba en el centro de las discusiones. La resurrección es el último tema afrontado en la Carta, pero probablemente, en orden de importancia, es el primero: de hecho todo se apoya en este presupuesto.

Hablando a los cristianos, Pablo parte de un dato indudable, que no es el resultado de una reflexión de algún hombre sabio, sino un hecho, un simple hecho que ha intervenido en la vida de algunas personas. El cristianismo nace de aquí. No es una ideología, no es un sistema filosófico, sino es un camino de fe que parte de un advenimiento, testimoniado por los primeros discípulos de Jesús.

Pablo lo resume de este modo: Jesús murió por nuestros pecados, fue sepultado, resucitó al tercer día y se apareció a Pedro y a los Doce (Cfr. 1 Cor 15,3-5). Este es el hecho. Ha muerto, fue sepultado, ha resucitado, se ha aparecido. Es decir: Jesús está vivo. Este es el núcleo del mensaje cristiano.

Anunciando este hecho, que es el núcleo central de la fe, Pablo insiste sobre todo en el último elemento del misterio pascual, es decir, que Jesús ha resucitado. Si de hecho, todo hubiese terminado con la muerte, en Él tendríamos un ejemplo de entrega suprema, pero esto no podría generar nuestra fe. Ha sido un héroe, ¡No!, ha muerto, pero ha resucitado.

Porque la fe nace de la resurrección. Aceptar que Cristo ha muerto, y ha muerto crucificado, no es un acto de fe, es un hecho histórico. En cambio, creer que ha resucitado sí. Nuestra fe nace en la mañana de Pascua.

Pablo hace una lista de las personas a las cuales Jesús resucitado se les aparece (Cfr. vv. 5-7). Tenemos aquí una pequeña síntesis de todas las narraciones pascuales y de todas las personas que han entrado en contacto con el Resucitado. Al inicio de la lista están Cefas, es decir, Pedro, y el grupo de los Doce, luego “quinientos hermanos” muchos de los cuales podían dar todavía sus testimonios, luego es citado Santiago. El último de la lista –como el menos digno de todos– es él mismo, Pablo dice de sí mismo: “como un aborto” (Cfr. v. 8).

Pablo usa esta expresión porque su historia personal es dramática: pero él no era un monaguillo, ¿no? Él era un perseguidor de la Iglesia, orgulloso de sus propias convicciones; se sentía un hombre realizado, con una idea muy clara de cómo es la vida con sus deberes. Pero, en este cuadro perfecto –todo era perfecto en Pablo, sabía todo– en este cuadro perfecto de vida, un día sucedió lo que era absolutamente imprevisible: el encuentro con Jesús Resucitado, en el camino a Damasco.

Allí no había sólo un hombre que cayó en la tierra: había una persona atrapada por un advenimiento que le habría cambiado el sentido de la vida. Y el perseguidor se convierte en apóstol, ¿Por qué? ¡Porque yo he visto a Jesús vivo! ¡Yo he visto a Jesús resucitado! Este es el fundamento de la fe de Pablo, como de la fe de los demás apóstoles, como de la fe de la Iglesia, como de nuestra fe.

¡Qué bello es pensar que el cristianismo, esencialmente, es esto! No es tanto nuestra búsqueda en relación a Dios –una búsqueda, en verdad, casi incierta– sino mejor dicho la búsqueda de Dios en relación con nosotros. Jesús nos ha tomado, nos ha atrapado, nos ha conquistado para no dejarnos más.

El cristianismo es gracia, es sorpresa, y por este motivo presupone un corazón capaz de maravillarse. Un corazón cerrado, un corazón racionalista es incapaz de la maravilla, y no puede entender que cosa es el cristianismo. Porque el cristianismo es gracia, y la gracia solamente se percibe, más: se encuentra en la maravilla del encuentro.

Y entonces, también si somos pecadores –pero todos lo somos– si nuestros propósitos de bien se han quedado en el papel, o quizás sí, mirando nuestra vida, nos damos cuenta de haber sumado tantos fracasos.

En la mañana de Pascua podemos hacer como aquellas personas de las cuales nos habla el Evangelio: ir al sepulcro de Cristo, ver la gran piedra removida y pensar que Dios está realizando para mí, para todos nosotros, un futuro inesperado. Ir a nuestro sepulcro: todos tenemos un poco dentro. Ir ahí, y ver como Dios es capaz de resucitar de ahí. Aquí hay felicidad, aquí hay alegría, vida, donde todos pensaban que había sólo tristeza, derrota y tinieblas. Dios hace crecer sus flores más bellas en medio a las piedras más áridas.

Ser cristianos significa no partir de la muerte, sino del amor de Dios por nosotros, que ha derrotado a nuestra acérrima enemiga. Dios es más grande de la nada, y basta sólo una luz encendida para vencer la más oscura de las noches.

Pablo grita, evocando a los profetas: «¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» (v. 55). En estos días de Pascua, llevemos este grito en el corazón. Y si nos dirán del porqué de nuestra sonrisa donada y de nuestro paciente compartir, entonces podremos responder que Jesús está todavía aquí, que continúa estando vivo entre nosotros, que Jesús está aquí, en la Plaza, con nosotros: vivo y resucitado.

Web de la Santa Sede

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