La Parroquia Matriz de San Agustín y Santuario de Santa Rita,

Vegueta, Las Palmas de Gran Canaria, Diócesis de Canarias, España,
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y espera que encuentres toda la información que necesitas,
sobre la parroquia y otros recursos de interés.
 




Programa de Semana Santa 

Descargue el programa en formato pdf haciendo click aquí

25 de marzo, Jornada por la Vida

El 25 de marzo, la Iglesia celebra la solemnidad de la Anunciación del Señor. 

En esta ocasión con la mirada puesta en la vida del enfermo y en el sufrimiento reconocemos nuestra debilidad, tristeza, incertidumbre y soledad en la noche de la enfermedad. Recordamos el sí de María, que quiso acoger de una forma gratuita y generosa la vida de Dios, a pesar de las dificultades, y recordamos la entrega de Jesús que alumbra esa oscuridad como un rayo de luz que llena con su presencia nuestra soledad y nos llena de Esperanza. 

Con el lema «La luz de la fe ilumina el atardecer de la vida» los cristianos somos invitados este año a reconocer en el sufrimiento y en la enfermedad una ocasión para asociarnos a la Pasión redentora de nuestro Señor Jesucristo, y que, agradecidos por la vida, el sufrimiento no nos aplaste, que sintamos el alivio de su amor y seamos agradecidos a cuantos sufren acompañándonos con generosidad en esos momentos.


Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte. Y en este tiempo recibimos siempre una fuerte llamada a la conversión: el cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor. Jesús es el amigo fiel que nunca nos abandona, porque incluso cuando pecamos espera pacientemente que volvamos a él y, con esta espera, manifiesta su voluntad de perdonar (cf. Homilía, 8 enero 2016).

La Cuaresma es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna. En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar y a meditar con mayor frecuencia. En concreto, quisiera centrarme aquí en la parábola del hombre rico y el pobre Lázaro (cf. Lc 16,19-31). Dejémonos guiar por este relato tan significativo, que nos da la clave para entender cómo hemos de comportarnos para alcanzar la verdadera felicidad y la vida eterna, exhortándonos a una sincera conversión... 


Plan Diocesano de Pastoral 2015-2020

El tema general del Plan Diocesano de Pastoral, para los próximos cinco años, quiere centrar la mirada y los esfuerzos, en el juego existente entre conversión Pastoral y salida Misionera, donde Jesús y su evangelio nos cambian, nos reúnen y nos envían. 

“La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que “el único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial” (NMI 12) con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifi este como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera” (Documento Aparecida 370).

Más información en la web de la Diócesis de Canarias

Carta Pastoral de nuestro Obispo para el curso 2016-17

"NO NOS DEJEMOS ROBAR LA COMUNIDAD"

Muy queridos Hermanos todos:

Un nuevo Curso Pastoral se abre ante nosotros. Año tras año vamos caminando y vamos caminando juntos, unas veces muy orientados hacia objetivos que apreciamos con claridad, otras entre desánimos e incertidumbres; unas con la alegría de ver que se mezclan las huellas de las pisadas porque son muchos los hermanos que utilizan los mismos caminos, otras perdidos en soledades en los que nos gustaría percibir un canto, una melodía, una presencia a nuestro lado.

El curso pasado iniciamos lo que podríamos llamar el aterrizaje diocesano en el programa del Papa Francisco según La Alegría del Evangelio. Partíamos con un Plan elaborado entre todos y aprendido en la escucha del Santo Padre:

CONFIGURAR LA IGLESIA DIOCESANA EN CONVERSIÓN PASTORAL Y SALIDA MISIONERA. 

Para caminar juntos en esta dirección nos planteamos tres etapas, y el curso pasado tratamos de recorrer la primera:

Despertar y favorecer en toda la actividad pastoral de la Diócesis la experiencia personal de la fe. Se trataba de facilitarnos y ayudarnos a conseguir o renovar el encuentro personal con Jesús, que llena de la alegría del Evangelio y da un nuevo horizonte a la vida y con ello una orientación decisiva. En el desarrollo del curso vivimos una gracia especial de Padre Dios. Nos inspiró y nos ayudó a mantener el propósito de acompañarnos unos a otros con las reuniones arciprestales que mantuvimos durante todo el curso para hacer el seguimiento de los objetivos y la reflexión sobre las actividades que el Señor nos sugería llevar a cabo. Damos gracias a Dios por esos encuentros arciprestales y nos decidimos a seguir utilizando este recurso, que es gracia y don.
 La etapa que nos ocupará este curso: 

Priorizar y potenciar en todas las actividades pastorales la dimensión comunitaria de la fe, nos lleva a considerar que somos Iglesia, Iglesia de Jesús. El enunciado del Plan General de Pastoral tiene un subtítulo dividido en tres expresiones, y para este curso nos detenemos en la segunda:
JESÚS Y SU EVANGELIO NOS REÚNEN...


El vídeo del Papa 

Intenciones mensuales de oración del Papa Francisco sobre los desafíos de la humanidad. El mismo Papa Francisco explica en video cada mes las intenciones de oración universal y para la evangelización propuestas por el apostolado de la oración:

Puede ver el resto de videos en youtube haciendo click aquí: El Vídeo del Papa

Lo dice el Papa:

Angelus del 19 de marzo:



Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

 

El Evangelio de este domingo, tercero de Cuaresma, nos presenta el diálogo de Jesús con la Samaritana (cfr. Jn 4,5-42). El encuentro sucedió mientras Jesús atravesaba Samaria, región entre Judea y Galilea, habitada por gente que los judíos despreciaban, considerándola cismática y herética.

 

Pero precisamente esta población será una de las primeras en adherir a la predicación cristiana de los Apóstoles. Mientras los discípulos van a la aldea a procurarse algo de comer, Jesús se queda en un pozo y pide que le de beber a una mujer, que había ido allí para sacar el agua. Y de este pedido comienza un diálogo. ¿Cómo es que un judío se digna de preguntar algo a una samaritana? Jesús responde: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva”. Un agua que sacia toda sed y que se transforma en fuente inagotable en el corazón de quien la bebe. (v. 10-14)

 

Ir al pozo a sacar agua es fatigoso y aburrido; ¡sería bello tener a disposición una fuente fluyente! Pero Jesús habla de un agua diversa. Cuando la mujer se da cuenta que el hombre con el que está hablando es un profeta, le confía la propia vida y le presenta cuestiones religiosas. Su sed de afecto y de vida plena no ha sido apagada por los cinco maridos que ha tenido, es más, ha experimentado desilusiones y engaños. Por eso la mujer queda impresionada por el gran respeto que Jesús tiene por ella y cuando Él le habla incluso de la verdadera fe, como relación con Dios Padre “en espíritu y en verdad”, entonces intuye que aquel hombre podría ser el Mesías y Jesús – cosa rarísima – lo confirma: “Soy yo, el que habla contigo” (v. 26). Él dice de ser el Mesías a una mujer que tenía una vida así desordenada.

 

Queridos hermanos, el agua que dona la vida eterna ha sido esparcida en nuestros corazones en el día de nuestro Bautismo; entonces Dios nos ha transformado y llenado de su gracia. Pero puede darse que este gran don lo hemos olvidado, o reducido en un mero dato del registro civil; y quizás estamos en búsqueda de “pozos” cuyas aguas no nos sacian la sed. Cuando olvidamos beber agua, vamos en búsqueda de pozos que no tienen agua limpia. Entonces ¡este Evangelio es precisamente para nosotros! No sólo para la Samaritana, ¡es para nosotros!

 

Jesús nos habla como a la Samaritana. Cierto, nosotros ya lo conocemos, pero quizás todavía no lo hemos encontrado personalmente, sabemos quién es Jesús, pero quizás no lo hemos encontrado personalmente, hablando con Él, y todavía no lo hemos reconocido como nuestro Salvador. Este tiempo de Cuaresma es la ocasión buena para acercarnos a Él, encontrarlo en la oración en un diálogo corazón a corazón, ver su rostro en el rostro de un hermano o de una hermana sufriente. De este modo podemos renovar en nosotros la gracia del Bautismo, refrescarnos en la fuente de la Palabra de Dios y de su Santo Espíritu; y así descubrir también la alegría de volvernos artífices de reconciliación e instrumentos de paz en la vida cotidiana.

 

La Virgen María nos ayude a tomar constantemente de la gracia que brota de la roca que es Cristo Salvador, para que podamos profesar con convicción nuestra fe y anunciar con alegría las maravillas del amor de Dios, misericordioso y fuente de todo bien.

 

(Después de la oración mariana del Ángelus el Papa ha dicho:)

 

Queridos hermanos y hermanas,

 

Quiero asegurar mi cercanía a la querida población del Perú, duramente golpeada por devastadoras inundaciones. Rezo por las víctimas y por los que participan en las operaciones de socorro.

 

Ayer, en Bolzano, fue proclamado Beato Josef Mayr-Nusser, padre de familia y miembro de la Acción Católica, quien fue martirizado por negarse a unirse a los nazis, por fidelidad al Evangelio. Por su gran estatura moral y espiritual, es un modelo para los fieles laicos, especialmente para los padres, que hoy recordamos con gran afecto, y aunque es la fiesta litúrgica de San José, se celebrará mañana porque hoy es domingo. ¡A todos los papás saludémoslos con un gran aplauso!

 

Dirijo un cordial saludo a todos ustedes, peregrinos de Roma, de Italia y de diversos países. Saludo a las comunidades neocatecumenales venidas de Angola y de Lituania, así como a los responsables de la comunidad de Sant’ Egidio de África y de América Latina. Saludo a los fieles italianos de Viterbo, Bolgare, San Benedetto Po, y los estudiantes de Torchiarolo.

 

A todos les deseo un buen domingo. No se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo! y ¡Hasta la vista!

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Audiencia del 22 de marzo: 


“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Desde hace algunas semanas el Apóstol Pablo nos está ayudando a comprender mejor en que cosa consiste la esperanza cristiana. Y hemos dicho que no era un optimismo, no: era otra cosa. Y el Apóstol nos ayuda a entender que cosa es esto. Hoy lo hace uniéndola a dos actitudes aún más importantes para nuestra vida y nuestra experiencia de fe: la ‘perseverancia’ y la ‘consolación’. En el pasaje de la Carta a los Romanos que hemos apenas escuchado son citados dos veces: la primera en relación a las Escrituras y luego a Dios mismo. ¿Cuál es su significado más profundo, más verdadero? Y ¿En qué modo iluminan la realidad de la esperanza? Estas dos actitudes: la perseverancia y la consolación.

La perseverancia podríamos definirla también como paciencia: es la capacidad de soportar, llevar sobre los hombros, soportar, de permanecer fieles, incluso cuando el peso parece hacerse demasiado grande, insostenible, y estamos tentados de juzgar negativamente y de abandonar todo y a todos. La consolación, en cambio, es la gracia de saber acoger y mostrar en toda situación, incluso en aquellas marcadas por la desilusión y el sufrimiento, la presencia y la acción compasiva de Dios. Ahora, San Pablo nos recuerda que la perseverancia y la consolación nos son transmitidas de modo particular por las Escrituras (v. 4), es decir, por la Biblia. De hecho, la Palabra de Dios, en primer lugar, nos lleva a dirigir la mirada a Jesús, a conocerlo mejor y a conformarnos a Él, a asemejarnos siempre más a Él. En segundo lugar, la Palabra nos revela que el Señor es de verdad ‘el Dios de la constancia y del consuelo’, que permanece siempre fiel a su amor por nosotros, es decir, que es perseverante en el amor con nosotros, no se cansa de amarnos, ¡no!, es perseverante: ¡siempre nos ama!, y también se preocupa por nosotros, curando nuestras heridas con la caricia de su bondad y de su misericordia, es decir, nos consuela. Tampoco, se cansa de consolarnos.

En esta perspectiva, se comprende también la afirmación inicial del Apóstol: ‘Nosotros, los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no complacernos a nosotros mismos’.’Esta expresión «nosotros, los que somos fuertes’ podría parecer arrogante, pero en la lógica del Evangelio sabemos que no es así, es más, es justamente lo contrario porque nuestra fuerza no viene de nosotros, sino del Señor.

Quien experimenta en su propia vida el amor fiel de Dios y su consolación está en grado, es más, en el deber de estar cerca de los hermanos más débiles y hacerse cargo de sus fragilidades. Si nosotros estamos cerca al Señor, tendremos esta fortaleza para estar cerca a los más débiles, a los más necesitados y consolarlos y darles fuerza. Esto es lo que significa.

Esto nosotros podemos hacerlo sin auto-complacencia, sino sintiéndose simplemente como un canal que transmite los dones del Señor; y así se convierte concretamente en un sembrador de esperanza. Es esto lo que el Señor nos pide a nosotros, con esa fortaleza y esa capacidad de consolar y ser sembradores de esperanza. Y hoy, se necesita sembrar esperanza, ¿Verdad? No es fácil.

El fruto de este estilo de vida no es una comunidad en la cual algunos son de ‘serie A’, es decir, los fuertes, y otros de ‘serie B’, es decir, los débiles. El fruto en cambio es, como dice Pablo, “tener los mismos sentimientos unos hacia otros a ejemplo de Cristo Jesús”. La Palabra de Dios alimenta una esperanza que se traduce concretamente en el compartir, en el servicio recíproco.

Porque incluso quien es ‘fuerte’ se encuentra antes o después con la experiencia de la fragilidad y de la necesidad de la consolación de los demás; y viceversa en la debilidad se puede siempre ofrecer una sonrisa o una mano al hermano en dificultad. Y así se vuelve una comunidad que “con un solo corazón y una sola voz, glorifica a Dios”.

Pero todo esto es posible si se pone al centro a Cristo, su Palabra, porque Él es el ‘fuerte’, Él es quien nos da la fortaleza, quien nos da la paciencia, quien nos da la esperanza, quien nos da la consolación. Él es el ‘hermano fuerte’ que cuida de cada uno de nosotros: todos de hecho tenemos necesidad de ser llevados en los hombros del Buen Pastor y de sentirnos acogidos en su mirada tierna y solícita.

Queridos amigos, jamás agradeceremos suficientemente a Dios por el don de su Palabra, que se hace presente en las Escrituras. Es allí que el Padre de nuestro Señor Jesucristo se revela como ‘Dios de la perseverancia y de la consolación’.

Y es ahí que nos hacemos conscientes de como nuestra esperanza no se funda en nuestras capacidades y en nuestras fuerzas, sino en el fundamento de Dios y en la fidelidad de su amor, es decir, en la fuerza de Dios y en la consolación de Dios. Gracias”.

Web de la Santa Sede

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